Año 2025 / Volumen 32 / Número 2

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Formación continuada

El acompañamiento espiritual en clínica (II): claves para entender y atender el sufrimiento en clínica
Spiritual support in clinical practice II: keys to understanding and addressing suffering in clinical care

Med Paliat. 2025; 32(2): 94-99 / DOI: 10.20986/medpal.2025.1638/2025

María Nabal-Vicuña1, Martín I. Mindeguía2, Javier Barbero-Gutiérrez3, Enric Benito-Oliver4
1Equipo de Soporte Hospitalario de CP. Foro Iberoamericano de Espiritualidad en Clínica. Hospital Universitario Arnau de Vilanova, Lleida. 2Foro Iberoamericano de Espiritualidad en Clínica. Cuidados Paliativos y Terapeuta Gestalt , . 3Foro Iberoamericano de Espiritualidad en Clínica. Hospital Univ. La Paz. Grupo Espiritualidad, Madrid. 4Foro Iberoamericano de Espiritualidad en Clínica. Grupo Espiritualidad SECPAL,


RESUMEN

Este artículo profundiza en la comprensión del sufrimiento como base del acompañamiento espiritual en cuidados paliativos. Los autores proponen un marco clínico y antropológico para abordar el sufrimiento más allá de la visión biomédica tradicional, subrayando su carácter multidimensional y existencial.
Se plantea que el sufrimiento, del latín sufferre (“soportar por debajo”), constituye una experiencia inherente al ser humano que afecta la integridad del “yo” y se expresa cuando la realidad vital desafía las expectativas del ego. Su intensidad depende de la historia biográfica, los valores y los recursos internos de cada persona. Frente a la tendencia actual de medicalizar o evitar el sufrimiento, este trabajo invita a reconocerlo como parte esencial de la experiencia humana y como posible fuente de crecimiento y transformación.
Atender el sufrimiento requiere sensibilidad, presencia y formación del profesional para identificar sus causas, valorar recursos y acompañar el proceso con autenticidad, aceptación incondicional y empatía (Carl Rogers). Estas actitudes se concretan en las tres propuestas del grupo de Espiritualidad de SECPAL: hospitalidad, presencia y compasión. Se enfatiza que el sufrimiento también afecta a la familia y al equipo, generando una red de resonancia que exige conciencia y cuidado mutuo.
El acompañamiento espiritual se presenta así como una práctica clínica que no necesita sofisticación técnica, sino madurez humana, apertura y conexión interior del profesional. En última instancia, se puede “morir sano”: íntegro, en paz y con confianza, incluso en el límite de la vida.
El artículo concluye que reconocer, atender y acompañar el sufrimiento desde una visión integral no solo humaniza la medicina, sino que restituye la dignidad de las personas atendidas y de quienes las cuidan.



ABSTRACT

This article delves into understanding suffering as the foundation of spiritual support in palliative care. The authors propose a clinical and anthropological framework to approach suffering beyond the traditional biomedical perspective, emphasizing its multidimensional and existential nature.
It is argued that suffering, from the Latin sufferre (“to bear under”), constitutes an inherent human experience that affects the integrity of the “self” and emerges when life reality challenges the ego’s expectations. Its intensity depends on each person’s biographical history, values, and internal resources. Against the current tendency to medicalize or avoid suffering, this work invites recognition of suffering as an essential part of the human experience and as a potential source of growth and transformation.
Addressing suffering requires sensitivity, presence, and professional training to identify its causes, assess available resources, and accompany the process with authenticity, unconditional acceptance, and empathy (Carl Rogers). These attitudes are embodied in the three principles proposed by SECPAL’s Spirituality group: hospitality, presence, and compassion. It is emphasized that suffering also affects the family and the care team, creating a resonance network that demands awareness and mutual care.
Spiritual support is thus presented as a clinical practice that does not require technical sophistication, but rather human maturity, openness, and inner connection on the part of the professional. Ultimately, one can “die well”: whole, at peace, and with trust, even at the threshold of life.
The article concludes that recognizing, addressing, and accompanying suffering from a holistic perspective not only humanizes medicine but also restores the dignity of both those receiving care and those providing it.


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ISSN: 1134-248X   e-ISSN: 2340-3292

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